ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS.


Tanto en el papel como en el celuloide, Alicia se convirtió en uno de los iconos principales en la lucha contra el autoritarismo y a favor de la libertad. Por supuesto, esa no era la intención de la casa productora Disney. En cambio el escritor y cuentista Lewis Carrol sí la tenía en mente y sus historias se contemplan en la adaptación. Que si me dejan comentar se necesitaron de tres directores para ilustrar en la pantalla de una manera sencilla y abierta los conceptos de este genial autor. 

 

Así, en el extraño y desquiciado País de las Maravillas pasa de ser una narración absurda y divertida para niños a convertirse en una caricatura de nuestra propia y alocada sociedad. Basta comparar lo que vive Alicia con el sinsentido que nos aborda en las calles todos los días: sentencias que son dictadas antes de realizarse un juicio; cambios políticos que dependen del humor con el que amanecieron quienes gobiernan; la inutilidad y falsedad de las normas de etiqueta; incluso la subjetividad y maleabilidad a capricho del calendario y el tiempo (el día del médico, del gato, del perro, etc.). 

 

En la cinta hay varios locos celebres, pero quizá sea el alegre “Sombrerero Loco” quien haya conquistado más adeptos. Él fue, a través de su alocada falta de respeto al tiempo, quien nos enseñó que podemos celebrar más “no cumpleaños” que “cumpleaños”. Y, en buena medida tiene razón. Hagámoslo.

 


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