APOCALYPSE NOW.


Estamos en Saigón. El calor sofoca. Afuera, la ciudad late, golpea, vive. El ruido de los helicópteros llena el aire y apesta a pólvora y napalm que se queman en aras de la victoria. Sí, ese “dulce olor de la victoria” que se transforma simplemente en un espectro fantasmal en los sueños y pesadillas del Vietnam sumergido en una guerra inútil. 

 

Un hombre tiene que ir a la selva para encontrar a otro y consumar su ejecución. Un “Dios de la justicia” y un “Dios de la guerra”, que deberán de enfrentarse en medio de la oscuridad de la selva, por el bien de un país que ha perdido todo rasgo de bondad. Una solitaria lancha se interna en Vietnam como una insignificante amenaza al caótico orden selvático de la guerra. La embarcación se aleja continuamente del espectador, dando la impresión angustiosa de un regreso incierto. El lugar está lleno de soldados americanos que todo el tiempo aguardan la llegada de un enemigo invisible. 

 

Así, el director Francis Ford Coppola situaba al verdadero enemigo de Norteamérica en el interior de esa misma nación. Una película que descubrió y describió una visión de la guerra de Vietnam que siempre se había preferido ignorar. Como este magnífico film fue prohibido para su proyección en Estados Unidos, no debe de extrañar que no se haya tomado en cuenta por la Academia. Sin embargo, eso no permitió que se convirtiera en una película de culto.

 


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