CARA DE GUERRA.


Las preguntas, más angustiosas ante una situación bélica serian quizás, ¿Cuándo comienza una guerra a quitarte tu propia vida? ¿Tienes que tener al enemigo enfrente para sentir tu vida amenazada? Las imágenes de balas, las ideas, las órdenes, estrategias, horarios, soldados, tu país, el enemigo, todo amenaza con aniquilarte... tu vida no vale nada. 

 

Así, el director Stanley Kubrick se adueña de nuestras conciencias y las aplasta de la manera más salvaje, para retratar el mundo en que vivimos. La película está dividida en dos, y probablemente por ello es que el impacto es tan grande. La primera parte nos ubica en el entrenamiento de los futuros combatientes. La segunda la sitúa detrás de un corresponsal de guerra en batalla. Sin darnos un momento de respiro, el autor nos envuelve en la trama sin desperdiciar un solo instante. Todo viaja a la velocidad de la pólvora y todo huele a explosión. En medio de baños de sangre y lluvias de insultos, testificamos los alcances de una civilización que, para sobrevivir, utiliza una metálica máscara de guerra: mientras el patriotismo más ridículo es alentado en los futuros “héroes”, en el baño un recluta con la cabeza llena de información y odio a ese enemigo invisible, está listo a dar su vida por sí mismo mientras se introduce una escopeta en la boca. 

 

 

Para muchos se trata de la mejor película de guerra jamás filmada. Para otros, es la crítica más severa al sistema militarista occidental. Para la mayoría es simplemente una obra de arte sobre la guerra. Y tú qué opinas.

 

 


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