DOS CRIMENES.


Un matrimonio es falsamente acusado de homicidio, por lo que tienen que separarse para tratar de arreglar las cosas, obviamente porque ya sabemos cómo trabaja la justicia mexicana. De esa manera aparece Marcos Cuévano el protagonista de la película, buscando el refugio de sus primos, a los que no ve desde hace mucho tiempo. 

 

Extrañamente, el único que lo recibe con agrado es su tío Ramón. La sencilla razón es, porque el resto de la familia espera que el tío Ramón muera pronto para repartirse la jugosa herencia. Por supuesto, el primo intruso es alguien más a quien heredar y sus primos harán lo posible por desaparecerlo. 

 

El director Roberto Sneider consiguió con esta premisa una muy buena película y mucho más mexicana de lo que parece a simple vista. En su historia (que es muy divertida además) surgen poco a poco características de la “familia mexicana” que, por ser tan obvias, ignoramos mientras reímos de ellas. El leguaje del director es agradablemente simple. Y alrededor de esa simpleza, envidia, coraje, humor negro a la mexicana, intrigas, dobles sentidos, ambiciones, procedimientos jurídicos nacionales e infidelidades, todo es objeto de una parodia fresca y despreocupada, que no por eso deja de ser cierta.

 

Así, falta que cada quien experimente en medio de tanta frescura, los dos crímenes del título. Altamente recomendable.

 

 


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