EL PIANO.


Una mujer de apariencia frágil y un piano, este artefacto abandonado en una playa desértica de Nueva Zelanda y la mujer que lo extraña como si su vida dependiera de esta máquina musical, tal vez porque ella es muda. Su corazón vive entre las teclas blancas y negras, las toca con maestría hasta cuando duerme (característica inequívoca cuando careces de un sentido). 

Quien tenga la paciencia suficiente para entenderlo podrá entrar en el mundo silencioso y aparentemente duro de esta mujer. Dos hombres luchan por lograrlo, el primero un terrateniente que se casa con ella sin conocerla y que la lleva a ese lugar, el fin del mundo, sin duda alguna. Un hombre frio y celoso, que no logra entender su universo. 

Dos tremendos errores comete este sujeto. Cambia el piano por unas tierras y le corta un dedo por su frustración y estúpidos celos. El segundo hombre, un neozelandés de rostro tatuado que trata de conquistar a esta mujer mediante un juego de seducción que se teje alrededor del piano. Esta obra cinematográfica es uno de los filmes más memorables de la década de los noventa. Holly Hunter, la niña Anna Paquin, la directora y escritora del guion Jane Campion. Las tres ganaron su Oscar en 1994 y Campion se convirtió en la primera mujer en obtener la Palma de Oro en Cannes en 1993.


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