EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR.


Érase una vez en que dos jóvenes creadores de cine independiente experimental Eduardo Sánchez y Daniel Myrick se encuentran al borde de la quiebra emocional, creativa y económica. Se les ocurre filmar una película, en donde tres estudiantes de cine se adentran en los bosques de Maryland para realizar un documental sobre la legendaria “Bruja de Blair”, en octubre de 1994. 
 
Con una cámara de cine de 16mm, una de video de Hi-8 y una grabadora de audio DAT, capturan todo lo que sucede. Después de merodear por el bosque, los protagonistas Heather, Mike y Josh se encuentran congelados, perdidos y acechados. Nunca se les volvió a ver. Un año más tarde encuentran una bolsa con latas de película, videos y cintas de audio. El material es revelado, editado y el resultado es la pieza de evidencia más importante y gráfica del caso. Con este argumento, con treinta mil dólares de presupuesto y con actores desconocidos, la presentan en el Festival Sundance y la distribuidora Artisan Entertaiment se las compra. 

Así, sin que esa fuera la intención, la cinta genera millones de dólares por todo el mundo, lo que les permite darse una vida de lujos y comodidades. Por lo que, irónicamente, se debería llamar “El proyecto que nos sacó de bruja”. Finalmente, y como siempre se ha dicho, no hay buenas segundas partes. La secuela como era de esperarse, ya no dio para más. 


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