EL RESPLANDOR.


Como bien lo dice su nombre, Stanley Kubrick con esta cinta se atrevió a ignorar lo que hasta entonces era un elemento indispensable en una cinta de terror… la oscuridad. A diferencia de lo que hubiera hecho un director común y corriente, Kubrick ilumino cada rincón del hotel en el que la familia protagonista tiene que pasar un crudo invierno. Y ahí radica precisamente la efectividad de la cinta. 

Lo que nos aterra no sale de un lugar obscuro y tenebroso o lo más trillado, debajo de la cama. No, el terror de Kubrick esta siempre con nosotros. Sale del elevador, se baña en la tina, está en el bar, lo vemos en las fotografías. Siempre ante nuestros ojos. Y si no, un pequeño comentario, este genial director utiliza la nieve con un doble propósito. Lo que hubiera sido una agradable Navidad en las montañas se convierte en un invierno claustrofóbico

La nieve es la causante del aislamiento de la familia. Pero además, el color blanco que tradicionalmente está relacionado con la pureza y la inocencia, por así decirlo acorrala al hotel. En donde un poder maligno que se manifiesta por diversas apariciones y que pretende destruir a quienes habitan en él. El blanco del exterior aumenta aún más la luz que proviene en este lugar. Una obra maestra, no solo de terror, sino de cualquier género.


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