EL SILENCIO DE LOS INOCENTES.


Los sargentos Pembry y Boyle tendrán una cita con el destino, y todo por creerse más inteligentes que el Dr. Hannibal Lecter, quien en lugar de comerse la cena que han llevado hasta su jaula, ha preferido comérselos a ellos. Lecter se libera de las esposas que lo retienen para dejarles claro que lo de “Hannibal, el caníbal” no es una broma.

Y la escena no precisamente termina aquí, pues se integra a las dos siguientes, el operativo de los policías dentro del edificio y el interior de la ambulancia. Antes de asesinar a estos dos ingenuos policías, Lecter escuchaba a Bach con sus variaciones Goldberg. Y ya que hablamos de música, el chiste negro pero muy divertido al ver la escena del asesino serial travesti “Búfalo Bill”, en donde se retuerce desnudo frente al espejo con la pieza musical de “Goodbye Horses” de Q. Lazzarus.

Otra escena extraordinaria y que llega al clímax de lo sublime... en términos necrófilos, claro está, es cuando a través del cristal traslucido de una puerta se observa la silueta de un ángel, que en realidad es el cadáver del sargento Boyle. Una imagen que por sí sola dice mucho. En fin, esta película se hizo acreedora de cinco Oscar y el presupuesto para una segunda parte.

 


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