FRANCOIS TRUFFAUT.


Muchos lo catalogan como uno de los cineastas principales de la Nouvelle Vague francesa. De la mano del célebre critico André Bazin comienza a colaborar en la revista “Carhiers du cinema” en donde tiene la posibilidad de convivir con jóvenes apasionados al cine que posteriormente se convertirían en extraordinarios cineastas como Jean-Luc Godar y Jaques Rivette. 

Su obra es un amplio reflejo de su propia existencia. Se trata de un espejo donde desgrana asuntos para explicárselos a sí mismo; la infancia y su choque con el mundo de los adultos; los misterios del amor y la mujer; la amistad y la lealtad. Es un testimonio sobre su sensible percepción de la vida, desde una perspectiva que nunca pretende ser determinante pero si honesta. 

Finalmente, Truffaut fue un insaciable amante del cine que, como tal, dedico su vida a buscar la manera de permanecer lo más cerca posible de su gran pasión: primero, como un ávido devorador de películas oculto en las butacas (que me hace recordar a Cinema Paradiso); luego, como uno de los críticos más aguerridos de su época y finalmente, como uno de los cineastas fundamentales de la Nouvelle Vague francesa.


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