KOLYA.


Un hombre maduro y un niño, la madurez y la juventud, un hombre sin hijos y un hijo sin padre, dos idiomas y culturas diferentes (checoslovaco / ruso). Kolya intenta simbolizar la problemática creada entre el mando ruso y los habitantes checoslovacos, así como la unión de dos personas, que a pesar de los obstáculos del lenguaje y el choque cultural descubren el valor de la amistad y en este caso el calor que un padre puede proporcionarle a su hijo.

La barrera del idioma crea situaciones cómicas que sutilmente pretenden describir la tensión que se vivía en Checoslovaquia durante el periodo de la ocupación rusa y el nacimiento de la Revolución de Terciopelo (movimiento pacífico por el cual el partido comunista checo, pierde el poder político originando una transición al capitalismo).

La historia es sencilla pero autentica, originando dos premisas: la capacidad de sacrificio y el absoluto rechazo al egoísmo. Como diría Umberto Eco en relación a la paternidad:

“En lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en los ratos perdidos, cuando no están tratando de enseñarnos”.

Una película indispensable que no debes perdértela.


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