MIDNIGHT EXPRESS, SOUNDTRACK.


Hablando del argumento que es memorable no solo por su crudeza de la trama, sino también por la inteligencia con que está elaborada su música. Compuesta en su mayoría por Giorgio Moroder, la banda original de esta cinta es un experimento minimalista en que se logra mucho con poco. Esto quiere decir que, a través de la repetición persistente de unos cuantos sonidos y de variaciones muy sutiles... y que generalmente suceden en el fondo acústico, se logra establecer una atmósfera cambiante muy rica.

Por ejemplo, en Chase, el primer corte del disco, la idea de una tenaz persecución es lograda gracias a que su reiterado y mínimo sonsonete electrónico avanza, sin inmutarse, con la ayuda de finos sonidos percusivos como pequeñas detonaciones. A esto hay que sumar un hecho interesante: aunque la película transcurre en una implacable prisión turca, no hay en la música ninguna referencia étnica. Ni siquiera en los cortes que hace referencia al lugar: la onírica pieza de “Istambul Opening o Istambul Blues”, este último, por cierto, fue escrito por su interprete David Castle, en colaboración con Oliver Stone, si, aunque usted no lo crea.

 

Pues bien, esta premeditada omisión de la música con influencia oriental hace que el disco sobreviva al cambio de espacio; sin embargo, hay que reconocer que no corre con la misma suerte en lo que respecta al tiempo, ya que su uso de ciertos sonidos electrónicos evoca a la música de los ochenta.


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