UNA ODA AL AMOR, QUE FLORECE CUANDO TODO LO DEMAS DESAPARECE “PERFECT SENSE”.

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UNA ODA AL AMOR, QUE FLORECE CUANDO TODO LO DEMAS DESAPARECE “PERFECT SENSE”.

2011 fue el año de los Apocalipsis cinematográficos, (adelantándose un año a la predicción de los mayas). Dos se presentaron en el correspondiente festival de Cannes, El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011) y Melancolía (Lars von Trier, 2011), las dos con gran reconocimiento crítico. Otra que ya se había visto en Sundance, aunque recibió igualmente su confirmación y bendición en la Croisette: Take Shelter (Jeff Nichols, 2011) y también hay que recordar la propuesta independiente americana proveniente de Park City,  Otra tierra (Mike Cahill, 2011). Ir más allá y nombrar incluso Contagio (Steven Soderbergh, 2011). 

Pero el caso es que esta repentina moda por rodar el fin del mundo no era razón para inquietarse, ya que los resultados de las citadas cintas fueron de indudable calidad, algunas alcanzando la excelencia. Pues bien, en esta enumeración debería incluirse Perfect Sense (Reino Unido, 2011), aunque ha tenido mucha menos repercusión que las anteriores.

El argumento: la gente va perdiendo sus cinco sentidos, dejando transcurrir cierto tiempo entre cada uno, del menos al más importante. La gradual extinción de la percepción sensorial, que liga la pérdida de un sentido concreto al estallido abrupto de una emoción de alguna manera ligada a él –el remordimiento y el olfato, el miedo y el gusto, la ira y el oído,…-.

Si deducen en que orden se sufren estas discapacidades, la consecuencia inmediata es que se deduce igualmente casi todos los puntos de giro del guión, los conflictos que van a ir apareciendo e incluso la manera o el momento exacto en que va a acabar la película. Sin embargo, diseñar una historia según estos parámetros estrictos no tiene solo puntos negativos: es de apreciar la coherencia interna con que Mackenzie y su guionista Kim Fupz Aakeson montan dicha narrativa, y resulta igualmente importante que se centren para ello en las vivencias de una pareja y en el amor que llegan a profesarse.

Conlleva una mayor facilidad de identificación con los protagonistas por parte del espectador, así como una puesta en escena más intimista y cercana.

Es una película que pretende remover las emociones más profundas mediante la estética de los sentidos, inducirnos a un estado de empatía y fragilidad ante la percepción de los gestos más simples y cotidianos. Una enseñanza crucial que quiere prevenirnos sobre lo que podemos perder cuando nos encerramos en la cara más oscura de nuestro ser.

Un mundo donde no existen sentidos pero al mismo tiempo solo existe uno nuevo: el sentir.

 

 


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