THE DOORS.


Lo interesante de este ejercicio cinematográfico de Oliver Stone, no es su tono biográfico, lo que más llama la atención es la recreación de la época en que vivió este canta autor de rock. Más aun, no hablamos de la recreación exterior de esa época, que tiene algunos errores, si no de la interior. Hay que recordar que Morrison jamás fue hippie, como se exhibe en una parte de la película. El acierto es quizá, en las recreaciones de viajes ácidos que hace a lo largo del film. 

Estéticamente hablando esa es su mejor cualidad. Y para explicarlo diremos que, en una época en que la exploración interior definía a la juventud, este tipo de viajes representaba, más que un acto de rebeldía, una propuesta de vida y una reafirmación de la individualidad y el director los recrea de manera excelente. Mejor aún, los coloca en momentos clave para retratar a esa generación de la mejor forma. Y basta dos ejemplos: el viaje del grupo a la mitad del desierto, en donde el pasado y el presente de Morrison aparecen ante sus ojos al mismo tiempo; y el que ocurre en Nueva York, en una fiesta nada menos que con Andy Warhol

 

Por un lado tenemos la exploración en busca de algo. Por el otro, la frivolidad que también acompañaba a la generación sesentera y que al fin de cuentas significo la caída de su propuesta. Si históricamente hablando la película no nos dice gran cosa, por lo menos despertara el interés no solo alrededor de la banda sino de la generación que lo acompaño. 

 

 


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