The Iron Throne. Y ahora, nuestra guardia termina.

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The Iron Throne. Y ahora, nuestra guardia termina.

Sí, hemos llegado al final de toda la serie. El capítulo número 73 y sexto de la octava temporada de la serie más grande de la historia de HBO representa más que el fin de un show de televisión el fin de una era y, sin duda, algo que quedará en nuestra cultura pop de manera permanente. Pasará tiempo para que volvamos a hablar y a encariñarnos tanto con una historia año tras año como lo hicimos desde el 2011, una historia donde nadie estaba a salvo y que nadie era realmente bueno. Intrigas, traiciones y búsqueda de poder terminan… por ahora.

Como ya hemos visto en ocasiones anteriores, es muy complicado que una serie que ha llegado a ser la preferida de tantas personas, pueda alcanzar un final donde todos estén satisfechos. Y, a pesar de que, desde la sexta temporada, donde la serie dejaba de contar con el respaldo de los libros, la calidad de la historia se vio afectada por situaciones tales como el cambio radical de ciertos personajes, la resolución de conflictos de una manera apresurada, o la disminución de episodios, el número de espectadores de Juego de Tronos no disminuyó, sino todo lo contrario, cada episodio nuevo se sentía casi como un evento deportivo, se formaron demasiadas expectativas, por lo que era un hecho que más de uno acabaría decepcionado, nosotros lo estamos, un poco. Shame, shame, shame…!

¡Atención! Leve contenido de spoilers.

Aunque nunca debemos permanecer mucho tiempo pensando en el pasado, tenemos que reconocer su importancia en la historia misma, y ese fue el tema principal del final de temporada. Dadas las decisiones tomadas en los episodios anteriores, nos parece que el final es solo adecuado, no épico, no emocionante, ni siquiera memorable, solo resulta un final (en mayor medida) lógico. Como, por ejemplo, el desenlace del personaje de Emilia Clarke, Daenerys Targaryen. Quien, después de cumplir la costumbre familiar de sucumbir ante la locura, termina siendo eliminada nada más y nada menos que por Jon Snow, que al parecer ya no importa que sea un Targaryen y heredero legítimo al trono, ahora sí, solo importa el bien común. Eso sí, hay que aceptar que esa toma de Danny antes de dar su discurso de conquista, con las alas de Drogon detrás de ella, es de las mejores de toda la serie, quizás incluso de la televisión en general.

Nos queda la duda,

¿de qué sirve construir a un personaje durante más de 6 temporadas, si al final irá en contra de su naturaleza o regresará al principio?

Tal es el caso del personaje de Kit Harington. Ver la transformación desde bastardo de Ned Stark a esperado Rey de Poniente, pasando incluso por la resurrección, para que al final vuelva a la Guardia Nocturna, donde todo empezó, es simplemente decepcionante. Pero a la vez, no lo es. Por mucho que nos hubiera gustado ver a Jon Snow gobernar de manera justa, sabemos que este tampoco era el camino indicado. Solo que, cuestiones como su ascendencia o la profecía del príncipe prometido, parecen innecesarias para llegar de regreso a donde todo comenzó. Quizás Ygritte tenía razón:

Jon Snow realmente no sabía nada.

Aunque haya sido un final feliz, el destino de las dos hijas Stark es mas bien, tibio. Desde la temporada anterior sabíamos que Sansa, interpretada por Sophie Turner, permanecería como gobernante en el Norte, con la única diferencia de que ahora logró que fuera una nación independiente; Arya decide separarse de todos y embarcarse a descubrir nuevos mundos ¿Qué pasó entonces con su entrenamiento? O ¿para qué tanto esfuerzo en volver a casa si no se iba a quedar ahí? Respuestas que seguramente no llegaremos a conocer.

El único momento realmente épico que pudimos presenciar fue cuando Drogon decide fundir el tan ansiado Trono de Hierro. Parece que ese detalle sí fue respetado: los dragones se han imaginado como criaturas extremadamente inteligentes, y verlo destruir el símbolo de poder y corrupción en el mundo fue muy acertado. Daenerys al final había ganado el juego de tronos, pero eso fue justo lo que acabó con ella y Drogon lo sabía.

Finalmente, Bran es elegido para gobernar los ahora Seis Reinos. Y, de nuevo, después del rumbo que había tomado la serie, era la decisión más cómoda. Creemos que eso fue lo que molestó tanto a los fans. Al principio, la serie no tenía miedo de tomar riesgos, por ejemplo, la muerte de Ned Stark, o la infame Boda Roja, y ahora, ir a la segura es la opción. Si el Norte decidió ser independiente, ¿por qué los demás reinos no lo hicieron? Eso sí que nadie lo habría esperado.

En conclusión, aunque hubo momentos muy emotivos como Sir Brienne escribiendo sobre las cosas buenas que hizo Jamie Lannister, o el diálogo entre Tyrion y Jon sobre el amor y el deber, para ser el final de una serie tan importante como lo ha sido Juego de Tronos resulta ser uno de los episodios menos destacados. Y si bien la producción tuvo momentos brillantes, es increíble que de nuevo existan errores como dejar pasar una botella de agua en la edición final.

Ha sido un largo viaje, lleno de muchas emociones, personajes entrañables y una historia con buenos y malos momentos. Nos toca ver el parteaguas que representa la adaptación de la Canción de Hielo y Fuego en la historia moderna de la televisión y, aunque la temporada final haya quedado a deber tanto por las malas decisiones de los directores, o incluso gracias a la gran presión ejercida por los seguidores, hemos visto algo único que permanecerá con nosotros durante muchísimo tiempo. Es momento de despedirnos de los Stark, los Lannister, los Targaryen y de Poniente. Aún nos queda saber cuál será el desenlace en los dos libros restantes de la saga, claro, eso si un día George R. R. Martin decide terminarlos.

Mientras tanto, por última vez:

Valar Morghulis… 


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