X-Men Dark Phoenix

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X-Men Dark Phoenix

En un año donde grandes sagas llegan a su fin, la última película de la serie mutante a cargo de Fox Studios cierra de manera… ¿decepcionante? Definitivamente son tiempos difíciles para los fanáticos de unos de los personajes más queridos de los comics: los X-Men. 

Si no tomamos en cuenta New Mutants (que, a decir verdad, ya no estamos seguros si la llegaremos a ver algún día) hemos visto hasta ahora 12 películas adaptando historias de los mutantes mas populares. Así que, después de saber que Disney® adquiría los derechos sobre estos personajes esperábamos que el cierre de esta saga fuera sino perfecto, al menos digno, y sobre todo cuando se adaptaría una de las historias más emblemáticas de los estudiantes del Profesor X: Dark Phoenix.

¡Atencion! Leve contenido de spoilers.

Quizá el principal problema con esta película es que, en relación a la historia de los comics, lo único que tiene, es el nombre. Tenemos en pantalla una historia bastante similar a X-Men, The Last Stand donde lo que es diferente son dos cosas: la ausencia de Wolverine y una nueva villana. Y, si antes nos habíamos quejado de Apocalipsis, no sabíamos lo que hacíamos. Jessica Chastain (interestelar, La Cumbre Escarlata) interpreta a la líder de una raza alienígena que busca controlar el poder que invade a Jean Grey. Y así, sin explicaciones ni nada, debemos aceptar que es un ser extremadamente poderoso aun cuando no tiene ninguna expresión facial. Ninguna.

A momentos es muy notorio los problemas que enfrentó la producción por la cantidad de reshoots y lo decimos porque, en varias ocasiones, el tono de la película cambia muy drásticamente. Basta con tomar como ejemplo, el momento en que el personaje de Michael Fassbender (300, Prometeo) entra en la trama.

Si alguien no ha visto las películas anteriores, no entenderá porque Magneto es jefe en una isla donde sólo viven mutantes.

Para los que somos fanáticos de los comics esto hasta es un poco obvio, pero para el público casual, no tendrá mucho sentido. También es muy inesperado ver que tan rápido eliminan a Quicksilver de la ecuación, y eso que el entrega dos de las secuencias favoritas de los X-Men.

Hablando de personajes que eliminan muy temprano en la película, tenemos a Mystique, Jennifer Lawrence (Juegos del Hambre, Los juegos del destino), quien no tiene mucho éxito en ocultar que ya no tenía ganas de actuar en esta saga. Los pocos momentos que tiene en escena son olvidables y ya no se parece en nada al personaje que vimos en Days Of Future Past. Vamos, ni siquiera usa su poder para transformarse en alguna otra persona, es decir, ¿un mutante que no usa su mutación?

Pero tenemos a Sophie Turner (Game of Thrones) quien al menos es convincente en su papel, una chica que no es capaz de controlar todo su poder y que constantemente esta buscando ese equilibrio para protegerse, así como a las personas que la rodean. No sabemos si volveremos a verla en el papel de Jean Grey, pero al menos en un par de películas resulto ser una excelente interpretación de uno de los personajes más poderosos de los comics. La secuencia donde, desafiando los poderes de Magneto, busca derribar un helicóptero del ejército estadounidense es bastante emocionante.

En conclusión, a pesar de que la película esta lejos de ser aburrida, una trama tibia y que no toma muchos riesgos, la mala edición de la misma, la nula experiencia del director, nos dan como resultado un cierre muy decepcionante y que incluso contradice en varios momentos lo ya establecido en la primera película.

X-Men, ojalá Disney® los haga brillar como merecen.


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