Yesterday, desde Inglaterra, para Inglaterra...?


Es difícil en nuestros días encontrar a alguien que ni siquiera conozca o haya escuchado hablar de una de las bandas más grandes de la historia: The Beatles. Desde hace ya varias décadas, las canciones del cuarteto de Liverpool han sido una influencia en la vida de millones de personas; con música que ha trascendido generaciones e inspirado a su vez, a más músicos y artistas de toda índole, algo que seguramente seguirá ocurriendo durante muchos años más.

Y ahora, bajo la dirección de Boyle (Trainspotting, Trance), tenemos una película que plantea que sucedería si de repente un día se borrara todo registro de la existencia de esta banda, incluso de la mente de las personas, mientras queda solo un músico fracasado para recordarlos. 

Este es el trabajo más reciente del director británico y aquí esta nuestra reseña. ¡Atención! Leve contenido de spoilers.

Un protagonista con quien es muy fácil identificarse: el underdog, tanto que raya en el cliché, a decir verdad. Himesh Patel interpreta a Jack Malik, un músico aficionado que trabaja en un almacén local que no logra tener el éxito que añora en el mundo del espectáculo. Y después de un extraño evento climático, sufre un pequeño accidente y cuando despierta descubre que es el único que recuerda las míticas canciones de The Beatles.

A partir de aquí, él tratará de recuperar tantas letras como sea posible y gracias a ellas al fin llegar a la fama de manera prácticamente instantánea y mundial.

La película avanza a buen ritmo, contando con varios guiños muy reconocibles del estilo del director, sin embargo, uno de los contras que tiene la historia es que desperdicia un poco la premisa para enfocarse en algo mucho más conocido, como si se hubiera preferido jugar a la segura. En vez de desarrollar mejor la idea de cómo sería el mundo sin canciones como Here comes the sun, She loves you o Back in the U.S.S.R. se cuenta la clásica historia de las comedias románticas, un chico que no se da cuenta que ha tenido al amor de su vida frente a sus ojos y cuando todo está por perderse, actúa y recupera a la chica.

Y hablando de la música, el formato de la película no es como tal de musical. No tenemos momentos donde repentinamente todas las personas en escena empiezan a cantar y a seguir una coreografía en especial. Además, no recurre sólo a las canciones más emblemáticas de la banda inglesa, los fans más conocedores estarán satisfechos al escuchar una gran variedad de melodías a pesar de que no se interpretan por completo. Para fines de narrativa, esto funciona bien, aunque admito que si hubo momentos donde estaba listo para cantar y al siguiente momento la canción se detenía.

Por suerte, la banda sonora esta completa en Spotify. ¡Muy recomendable, por cierto!

Tocando también un poco el tema de lo retorcido que puede ser el mundo musical al explotar de manera implacable el talento de los artistas a través del personaje de Kate McKinnon (Ghostbusters, Office Christmas Party), incluso con la participación de Ed Sheeran, quien termina actuando como una sátira a la misma industria que lo volvió tan popular, de nuevo la película cae en lo predecible. Aunque admito que, aun sin ser un gran aficionado a The Beatles, la escena con John Lennon es increíblemente conmovedora.

En sí, la película no es nada mala, pero si tiene un gran pero, y ese pero es el haber desperdiciado, no completamente, una premisa muy interesante para solo volverse una comedia romántica. Teniendo música tan querida de su lado, buenas actuaciones, una excelente producción y la posibilidad de poder contar una historia sin igual, es un poco decepcionante que todo girara en torno a que un chico saque de la friendzone a la chica que conoce de toda la vida. Aun así, en medio de tantas “cartas de amor” de parte de muchos directores hacia ciertas cosas, el trabajo de Boyle logra sobresalir, y aunque tenga ideas un poco inocentes, sin duda siguen funcionando. No por nada salimos del cine tarareando All you need is love


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